Tras los últimos ataques a una patrulla de carreteras en el distrito de Luricocha, en vísperas de Navidad, donde murieron dos policías, la oposición parlamentaria pide la cabeza del Ministro del Interior. Un acongojado hermano de uno de los efectivos abaleado declaró luego del entierro lo siguiente:
“¿A qué ha ido el ministro a Huanta?, ¿qué está haciendo? Está haciendo de carroñero, de estar recogiendo muertos cada vez que haya”(Fuente: Peru21 26-12-07)
Palabras durísimas pero no por ello ciertas. La labor de juntacadáveres del ministro es cada vez más latente. Luego de la limpia de carteras hace un par de semanas, el Gobierno sigue dándole crédito ilimitado a Castro. ¿Por qué?
El actual Ministro no es un moco de pavo en el partido de la avenida Alfonso Ugarte. Habría que recordar que proviene de una familia digamos “de abolengo aprista”. Diputado en el periodo 80-85, Vicepresidente en el 85-90, a la vez de manejar el Premierato y la cartera de Economía hasta 1987, donde ese mismo año es electo Presidente de la Cámara de Diputados.
Postulando en el 1990 como candidato presidencial obteniendo un respetable y sorprendente 19% (veníamos del peor gobierno económico de la historia del país). Ya en el 2000 fue electo Congresista de la República, aunque con un perfil bastante más bajo y participación discreta. Tuvo que pasar algunos años más que en olvido, en la meditación y la expectativa.
La relación García-Castro es evidente. No sólo se han blindado mutuamente sino que hacen público sus compadrazgos. Y como el Presidente lo respalda es evidente que debajo de él todos los grupos políticos (algunos más que otros), le sigan dando cheques en blanco. Uno de los defensores acérrimos es el señor Mauricio Mulder quien respondiendo a los que desean retirarle la confianza a Castro expresa lo siguiente:
“Reto a cualquier de los que piden la renuncia del ministro a que asuman el cargo y terminen con el terrorismo” (Fuente: Diario Correo 26/12/2007)
Esta frase, bastante penosa en realidad, responde a una especie de oración nueva aprista: S.A.C.S.A.P. (Sólo Alva Castro salvará al Perú)
Pienso que nadie pretende sacar a Alva Castro únicamente porque no puede acabar el terrorismo en todo el país; el retiro de confianza proviene en su total ineficacia política en poder, primero elegir elementos del orden con la experiencia necesaria para recorrer zonas que ya están siendo pobladas por grupos narcoterroristas y segundo, prestarle más interés a los informes de inteligencia que llegan a su despacho todos los días. Pero más allá de eso existe esta atmósfera enrarecida que Alva Castro transmite al país, una suerte de olor a viejo político rancio y de la vieja escuela, y no hablamos de la que engalanó el país en sus hermosas épocas republicanas (si es que las hubo), sino de la más corrupta de todas, la que hizo del Perú la chacra donde cosechó mentira, pobreza y putrefacción.
Qué contradicción sigue siendo García, por un lado muestra la cara tecnócrata y neoliberal, y por la otra mantiene estas viejas reliquias. Ese es el gran problema del presidente, pensar en el 2020 viviendo en una casa del siglo XIX.

[...] al presidente porque todos los que cometen errores estupideces bajo su gobierno o por mera simpatía con intereses ocultos, están bien protegidos, son casi inmunes a las [...]